Truman Capote, el autor al que el destierro y el repudio social le hundió en el alcohol y las drogas

La alta sociedad neoyorquina no habría sido la misma sin la omnipresencia de Truman Capote quien no dudó en retratar la trastienda de los saraos más elitistas donde estaban invitadas lo que el autor denominó como «sus cisnes». Mujeres millonarias e iconos de belleza de la talla de Babe Paley, C.Z. Guest, Gloria Vanderbilt, Marella Agnelli o Lee Radziwill, hermana de Jackie Kennedy con quien Trapote se enemistó porque descubrió que en privado le llamaba «maricón».

Artífice del Nuevo Periodismo junto al dandy Tom Wolfe, la lengua viperina y sus críticas despiadadas hacia algunos de sus colegas fueron una constante a lo largo de su vida. Sin comerlo ni beberlo (eso vendría años más tarde) consiguió ser uno de los íntimos de Marilyn Monroe, a quien calificó como «esa hermosa criatura» y de cuya muerte se enteró al comprar The Herald Tribune en la librería Cervantes de Palamós, en la Costa Brava. Al ver la noticia, gritó por las calles: «Mi amiga ha muerto, mi amiga ha muerto». Durante sus largas estancias en este paraíso catalán, el escritor solía comprar ginebra y fruta en la pastelería Samsó, comía en el restaurante María de Cadaqués y llegó a alquilar la casa de Luis Urquijo, marqués de Amurrio, que posteriormente adquiriría Carlos Ferrer Salat.

 
 
 
La mansión neoyorquina que perteneció a Truman Capote.
La mansión neoyorquina que perteneció a Truman Capote.

Unos años después, su fama se disparó. Su novela A sangre fría vendió ocho millones de copias y quiso celebrarlo por todo lo alto. Asesorado por su amigo Cecil Beaton, el fotógrafo oficial de los Windsor y las estrellas del Hollywood clásico, Capote organizó en 1966 la fiesta más icónica del siglo XX en Gran Salón de Baile del hotel Plaza de Nueva York etiquetada para la posteridad como ‘el baile en blanco y negro’. Lauren Bacall, Richard Avedon, Andy Warhol, Rose Kennedy, Leonard Bernstein, Marlene Dietrich o el marajá y la marajaní de Jaipur estuvieron entre los invitados. A raíz de aquel emblemático acontecimiento que 25 años después recrearía la princesa Yasmin Aga Khan (hija de Rita Hayworth y del príncipe ismaelita Alí Kahn) para recaudar fondos para su fundación contra el Alzheimer.

Mia Farrow y Frank Sinatra, en 'el baile en blanco y negro' que organizó Capote en 1966.
Mia Farrow y Frank Sinatra, en ‘el baile en blanco y negro’ que organizó Capote en 1966.

El autor de Desayuno con diamantes (siempre se ha comentado que el papel de Audrey Hepburn estuvo inspirado en Gloria Vanderbilt) no tardó en destruirse así mismo y al universo mágico que había creado tras publicar en 1975 en la revista Esquire el cuento La Côte Basque 1965, donde explicaba los secretos más íntimos de «sus cisnes». Aquel destierro social le hundió en el alcohol y las drogas. El relató formó parte del libro Plegarias atendidas, cuyo título rescató de una cita de Santa Teresa de Jesús.

Sus peleas con Gore Vidal fueron legendarias, al igual que los dardos envenados hacia Hemingway, de quien afirmó que «era una engañifa, un tipo absolutamente embebido en la idea del machismo, del supermachismo» y Norman Mailer, a quien se refirió como «nunca fue un buen novelista». Toda su mala leche cabía en tan solo 155 cm de estatura. Incluso consigo mismo tampoco fue demasiado respetuoso cuando pronunció su célebre cita «soy borracho, soy drogadicto, soy homosexual, soy un genio».

Repudiado socialmente, los últimos años de su vida tuvo una salud quebradiza a causa de la flebitis, la cirrosis, el insomnio o los ataques epilépticos. Falleció un mes antes de cumplir 60 años en 1984. Su interesante biografía se puede ver en Filmin en el documental The Capote Tapes.

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