Descripción
La pasión reflexiva. Amable Arias
El pintor berciano Amable Arias (Bembibre 1927) fue un artista marginado, considerado maldito por algunos de sus contemporáneos, en parte por su interés en auto-excluirse de un mundo que durante la mayor parte de su vida le fue hostil. Amable, debido a un accidente ferroviario sufrido en la estación de Bembibre durante su niñez, tuvo una vida llena de dificultades físicas que le obligaron a permanecer recluido en su hogar durante largas temporadas, y que le llevaron a una muerte prematura en el periodo más brillante de su pintura. Estos días, bajo el título, «La pasión reflexiva», la sala Lucio Muñoz, de la Delegación Territorial de la Junta, recupera la figura de este leonés que pasó la mayoría de su vida en tierras vascas, pero que siempre llevó en lo más profundo de su alma el recuerdo de los paisajes bercianos, de las calles, campos, minas y personajes de Bembibre. Desde el principio La muestra presenta un recorrido por la vida pictórica del artista, desde sus primeros paisajes bercianos, llenos de sencillez, casi de ingenuidad, hasta sus últimas obras, saturadas de color y de pequeñas figuras que se pierden en la inmensidad del lienzo, pasando por sus momentos de abstracción y minimalismo. «Hemos querido -comenta la comisaria de la exposición Carmen Alonso-Pimentel- darle un carácter antológico, por lo tanto hemos recorrido todas sus etapas fundamentales, desde los inicios hasta los últimos tiempos. Hemos dedicado una atención especial en sus obras bercianas, por eso tiene mucho peso la primera parte de su obra. Pero tampoco hemos querido eludir su «periodo de la gota», sus dibujos o sus últimos cuadros, porque en todos ellos se refleja la personalidad de Amable. La exposición es un breve recorrido por todas sus etapas». Amable ha sido un artista muy poco conocido en su tierra, en León, hasta el punto de que ha llegado a ser considerado un pintor vasco. «No hay que olvidar, que desde los catorce años vivió en el País Vasco y que toda su formación intelectual se desarrolló en San Sebastián. Pero desde el punto de vista sentimental y emotivo Amable siempre fue un pintor berciano. Amable jugó un papel muy importante en San Sebastián, al formar parte, o para ser más exactos, al ser uno de los impulsores del grupo «Gaur», en el que participaron Oteiza, Chillida, Mendiburu, Basterretxea, Sistiaga, Zumeta y algunos otros artistas que con el tiempo se consagraron como grandes maestros del arte moderno. Siempre formó parte de la vanguardia artística más comprometida». La pintura de Amable es aparentemente sencilla, pero como dice Carmen Alonso-Pimentel, tiene la sencillez de la música de Mozart, «que parece fácil y a veces infantil, pero tiene mucho trasfondo. Sobre todo en sus dibujos empleó una gran diversidad de técnicas, llegando a utilizar lápices de sombras de ojos, o trozos de carbón para dibujar. También fue un entusiasta del collage que realizó con muy distintos materiales y con procedimientos muy innovadores. Creo que era un gran investigador, siempre desde una perspectiva lúdica». Figura controvertida La controvertida figura de Amable como pintor y escritor ha ido cobrando valor con el paso de los años, su obra ha sido bien tratada por el paso del tiempo y hoy es considerado como un artista de referencia. «Actualmente se da mucho valor a su obra, a pesar de que durante su vida fue un gran desconocido, debido, quizá, a que fue un hombre de carácter hosco, difícil, con unas circunstancias vitales muy complicadas, lo que en su época le produjo un cierto distanciamiento, hasta tal punto de que en ocasiones se le consideró como pintor maldito. Fue un artista muy transgresor… por ejemplo hizo una exposición en 1963 que causó un gran revuelo, en la que junto a algunas pinturas aparecían varios marcos vacíos. Todo esto hizo que no fuera demasiado aceptado en su momento, pero ahora ya se le reconoce totalmente». Decía Amable, «Tenemos el arte para no huir de la verdad. Es este universo de la obra la única probabilidad de mantener la propia conciencia. El arte es sublimación, una especie de sueño donde se unifican o se vuelven del revés nuestras insatisfacciones. Solo que más distante del yo es oportuno para que otros seres entren a ver, oír o sentir ese enrevesado mundo y, por ende, es el más directo medio de comunicación. El otro es el amor».












