Descripción
El desnudo en la pintura española de Emiliano M. Aguilera. Edita Librería Bergua (Madrid, 1935). Edición en rústica con 61 páginas de láminas reprodcuiendo las obras a que hace referencia el texto. 108 páginas.
De la forma humana se han dicho en el mundo del Arte las cosas más favorables. La forma hu-mana, elogiada, ha sugerido los juicios más exaltados. Fidias, el gran escultor griego, decía con frecuencia que los artistas han dado a los dioses la forma humana porque no conocieron otra más bella. Y Lapradh, en Le sentiment de la Nature, afirma que es imposible hallar sobre el globo terráqueo una criatura de una belleza superior a la del cuerpo humano, un ser más hermoso que el hombre, lo que, por otra parte, Platón, primero, y Hogart, después, llegaron a demostrar con el auxilio de las Matemáticas en supremo alarde. Y hay que reconocerlo así, y no proluciéndose de ligero o por impremeditada jactancia, porque el hombre es la última y más perfecta obra de Dios o de la Naturaleza, como queráis o según penséis ; el fin de un formidable proceso evolutivo, desarrollado hacia la perfección, con pasos que, como dice Emilio Ferrie en El darwinismo, jamás son vacilantes, o la postrera creación de Dios, que concibió al hombre a su imagen y semejanza, queriéndole hacer, sin duda, lo más hermoso, lo más admirable que pueda soñarse. Consecuentemente, racionalistas y creyentes tienen que convenir con Laprade en esa apreciación, tan halagüeña para la estirpe humana. Nada puede, pues, extrañar que sean tantos y tantos, que sean los más, que sean infinitos los artistas que han rendido en todos los tiempos un culto fervoroso, entusiasta, apasionado, a la forma humana y que vengan buscando en ella desde los días más remotos motivos de inspiración; que hayan visto en el desnudo del hombre, e implícitamente en el de la mujer, la gran escuela del Arte, según feliz expresión de Sertillanges, coincidiendo, al esforzarse en sus empeños estéticos, con Cellini, que suponía que el punto más importante para los artistas es hacer bien un hombre o una mujer desnudos. Lo que sí extraña, y en alto grado, es que existieran insignes artistas, grandes figuras del Arte, que, al parecer, no sintieran la belleza de la forma humana; que no abrigasen la inquietud de interpretarla. España es, precisamente, uno de los países donde se ha dado ese hecho con mayor prodigalidad.
Extracto de la introducción a El desnudo en la pintura española.












