Descripción
Diálogos dogmáticos el politico Timeo, Critias. Platón. Espasa Calpe 1926, obras competas VI, buen precio
Timeo Este diálogo tiene poco de tal. Sócrates, Critias, Hermócrates, sólo bacen uso de la palabra para presentar una especie de cuadro dramático, y la ceden bien pronto a Timeo, que no la deja hasta la conclusión.
La víspera, Sócrates había entretenido a sus amigos con una larga conversación sobre el Estado, que es la misma que constituye La República; y sus amigos estaban en el compromiso de corresponderle a su vez con otra conversación semejante. A este fin se reunieron. Critias refiere una antigua tradición, según la cual, Atenas tuvo en otro tiempo un gobierno perfecto, tal como del que se acaba de hablar antes de la catástrofe y del temblor de tierra, de cuyas resultas desapareció la Atlántida, sumiéndose en las aguas. Otro día, es decir, en otro diálogo (el Critias), expondrá este gobierno perfecto, este ideal realizado; pero antes es preciso hacer conocer el origen de la especie humana y de la naturaleza, y del mundo en general. Este es el verdadero objeto del discurso de Timeo, que en resumen y en sustancia se reduce a lo siguiente.
Por lo pronto, es preciso distinguir entre lo que es y existe siempre sin devenir jamás, y lo que deviene o pasa siempre, sin subsistir lo mismo
Critias o la Atlántida
El Critias comienza ex abrupto. Puede decirse que el Timeo continúa en él sin interrupción. El preámbulo, de que ningún diálogo de Platón carece, falta en éste. ¿Será porque el Critias apenas está comenzado y bosquejado? ¿Será, porque no es realmente otra cosa que la misma conversación continuada por los mismos interlocutores, sin intervalo y sin reposo?
Las pocas páginas escritas por Platón pueden resumirse en muy pocas palabras. Critias, que sucede en el uso de la palabra a Timeo, se excusa, como éste, haciendo notar la dificultad que ofrece la materia. Después de éste preliminar, comienza a referir la guerra que se suscitó en otro tiempo entre los pueblos situados más acá de las columnas de Hércules y los situados más allá de las mismas. Pero para despertar interés por este suceso, es preciso conocer los adversarios, es decir, los atenienses de aquellos tiempos y los habitantes de la Atlántida. Por lo pronto, describe los antiguos atenienses, su gobierno, su país, su ciudad. Enseguida, describe los habitantes de la Atlántida, su origen, que se remonta hasta Neptuno, su isla y sus productos, sus reyes y sus gigantescos trabajos, su estado político, su organización y su poder militar; cómo fueron intachables en sus principios y cómo degeneraron después, de tal manera, que Júpiter, irritado con sus crímenes, resolvió castigarlos, y para ello reunió los dioses en el santuario del cielo, en el centro del mundo, para darles a conocer sus irrevocables decretos. A este discurso está reducido el diálogo.












