Descripción
Gracia y desgracias de Castilla la Vieja de Ramón Carnicer. Editorial Plaza & Janés (Barcelona, 1976). Edición ilustrada y en cartoné con sobrecubierta. 566 páginas.
Se narra en esta obra un largo recorrido por Castilla la Vieja. En el curso de él, el viajero observa la realidad y la vida en torno, dialoga con gente de muy diversa condición, analiza situaciones, evoca figuras y hechos pasados. Este último factor, el histórico, prudentemente dosificado, aparece unas veces como fondo, otras como mera curiosidad y otras como antecedente o determinante de lo actual, que es lo que sobre todo atrae al autor. Con la plasticidad y el dinamismo propios de la mejor literatura viajera, el libro alcanza a menudo relieves singulares, introduce temas polémicos, esclarece determinados aspectos de la vida española y estimula la curiosidad acerca de nuestra condición, nuestro medio y nuestros problemas. La destreza narrativa de Ramón Carnicer mantiene en todo momento el interés y la tensión lectora.
Ramón Carnicer, autor de Gracia y desgracias de Castilla la Vieja, era licenciado en Filología Románica por la Universidad de Barcelona (1943). Becas de estudio concedidas por la Ecole d’Interprètes de la Universidad de Ginebra (1950 y 1951). Encargado del Curso de Historia de la Lengua y de la Literatura Españolas en la Universidad de Barcelona (1951). Fundador del Curso de Estudios Hispánicos para extranjeros (1952) y de la Escuela de Idiomas Modernos (1953), ambos en la Universidad de Barcelona. Se casa con Doireann MacDermott (1953). Becario del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (1953-1960). Doctor con Sobresaliente cum laude y Premio Extraordinario de la Universidad de Barcelona por su tesis sobre Pablo Piferrer (1960) que obtuvo el premio Menéndez y Pelayo. Colaborador del CSIC (1961-62). Profesor visitante de la City University de Nueva York (1968). Agregado en la Universidad de Zaragoza, donde reorganiza de nueva planta el Instituto de Idiomas (1969). Profesor de los cursos de verano para extranjeros en las universidades de Barcelona y Zaragoza (Jaca). Renuncia a la actividad docente para dedicarse plenamente a la literatura (1972). Nombrado director honorario de la Escuela de Idiomas Modernos de la Universidad de Barcelona (1988).












