El hombre del aire libre

22,00 

EL HOMBRE DEL AIRE LIBRE, que huyendo de la ciudad en las selvas se interno y merced a un enanillo muchas cosas aprendió. Lecciones de gran provecho, peripecias colosales, recomendables exemplos para todos los mortales.

1 disponibles

SKU: 12344 Categoría: Etiqueta:

Descripción

El hombre del aire libre de Rafael Gastón. Editado por la Delegación de Enseñanza y Guarderias del Excmo. Ayuntamiento de Zaragoza (Zaragoza, 1984). Edición en rústica completamente ilustrada en b/n y color. 144 páginas.

A través de un cuento que sirve a su vez de guía de campo, el autor nos describe la geografía, la flora y la fauna de Aragón. Incluye dibujos de las plantas, setas, huellas de animales…

EL HOMBRE DEL AIRE LIBRE, que huyendo de la ciudad en las selvas se interno y merced a un enanillo muchas cosas aprendió. Lecciones de gran provecho, peripecias colosales, recomendables exemplos para todos los mortales.

¡Conciudadanos de todas las edades! LaDelegación Municipal de Enseñanza publica este libro, pretendiendo romper el cerrojo de la rutina cotidiana de lo urbano. En él, Naturaleza y Fantasía van unidas, queriendo ser la llave que nos haga sentir bien. La Utopía, dicen los «eruditos», es un imposible, y tanto hemos prescindido de ella, que hoy la necesitamos. ¡Hagámosla posible con nuestra imaginación! María Urrea Martín. Concejala de Enseñanza y Escuelas Infantiles.

En los bordes de los caminos y el suelo del bosque cogía fresas silvestres , que en Grecia consideraban venenosas, pero que sin embargo merecen mil alabanzas.
Los arándanos , de color azul oscuro, son el alimento preferido para los osos y forman alfombras en el suelo de hayedos, abetales y prados altos.
El rosal silvestre nos da escaramujos, llamados «galbarderas» en el Pirineo. Son unos frutos ácidos que contienen veinte veces más vitamina C que la naranja. Estas rosas, blancas y rosadas, servían como adorno en la mesa de los romanos. Algunos jardineros chinos se alimentaban únicamente de pétalos de rosa con el fin de rejuvenecer (Tsieou Sien, «El loco de las flores»). Habían madurado ya las bayas del saúco , y yo las comía mientras paseaba por los caminos. Las flores del saúco dan al vino un sabor añejo, y las bayas lo oscurecen.

 

 

Información adicional

Peso 0,4 kg
Autor

Editorial

Año Edicion

Conservación

Soporte al cliente