Descripción
El mundo tal como lo encontré Bruce Duffy. Tapa dura Ediciones de Bolsillo 1996
Este libro es una novela: no es historia, filosofía o biografía aunque en ocasiones pueda parecer que invade esos dominios. Pese a que la obra respeta las líneas básicas de la vida y el carácter de Ludwig Wittgenstein, no intenta hacer un retrato fiel o congruente, suponiendo que esto fuese posible o aun conveniente en aras del interés de la trama. (…) Por ejemplo, hago que Wittgenstein conozca a Bertrand Russell ( Fuente Wikipedia) un año más tarde de aquel en que lo conoció realmente; le atribuyo a Wittgenstein dos hermanas en lugar de tres, y caso a G. E. Moore tres años antes de su boda real. La ficción permite al autor llenar agujeros e incluso inventar las personalidades de ciertas figuras opacas de la vida real, cosa que también he hecho. No obstante, el libro sigue en lo esencial la trayectoria de la vida y la obra de Wittgenstein —así como también las de Moore y Russell—, más o menos en la secuencia correcta de los hechos y dentro del marco más amplio de la historia. (Bruce Duffy)
El libro El mundo tal como lo encontré es lo que dice el autor. LW es según muchos el filósofo más importante del siglo XX. A nosotros, que nos gusta más la ficción, quízá nos interese más su vida: nacido en Viena hijo del mayor industrial de la época, en su casa entraban con frecuencia Klint o Mahler. Su hermana era paciente de Freud y su padre subvenciona el edificio del pabellón de la secesión en Viena o compra Klint, Scheie o Kokoskcha. Pero era un tirano. Dos hermanos se suididaron y tres, incluyendo el propio LW, eran homosexuales. Intenta ser ingeniero, jardinero, monje y profesor rural y fantasea con el suicidio antes de dedicarse a la filosofía. Místico y lógico, interpeló a Popper (el otro grande) con un atizador de chimeneas: «¡lo que dice (la filosofía de Popper) no es más que basura!» «¡De usted un precepto moral inequívoco!» La respuesta de Popper es palmaria: «No se debe amenazar con un atizador a los conferenciantes». Furioso, Wittgenstein abandonó la sala dando un portazo -cosa no demasiado extraña en él-. El atizador de W forma parte de la mítica del siglo.











