Millares

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Millares. Museo Arte abstracto Cuenca, bien de precio

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Millares. Museo Arte abstracto Cuenca, bien de precio

El más interesante sin duda de los pintores de El Paso y uno de los grandes pintores españoles, Manolo Millares (1926-1972), procedía de Canarias. En las islas apartadas de la Península se había desarrollado un importante foco surrealista con Oscar Domínguez -el inventor de la decalcomanía- y Eduardo Westerdahl -animador de una revista, «Gaceta Literaria»- y por allí se habían paseado los Breton y Péret para inaugurar en 1935 la Segunda Exposición Surrealista. Westerdahl mantuvo vivo el fermento surrealista después de la guerra civil y con él se inició Manolo Millares, pintor, poeta y editor de una revista -«Planas de Poesía»- y una colección de libros de arte, «LADAC Los Arqueros del Arte Contemporáneo».Tras unos inicios surrealistas y alguna exposición en las islas, Millares se trasladó a Madrid, con Chirino, Elvireta Escobio y Manuel Padomo, y se estableció definitivamente en la capital, entrando a formar parte de El Paso y siguiendo después una labor personal, la más personal de todo el grupo.Millares, como Pollock, tenía dos preocupaciones esenciales que en realidad eran una sola: el surrealismo con su interés por el subconsciente y por lo primigenio y las raíces profundas de sus culturas desaparecidas, el pasado guanche de los habitantes de la isla (como el pasado indio de los norteamericanos). Sus primeras obras se remiten a las formas primitivas aparecidas en las cuevas guanches; son las pictografías de 1951 y 1952, que hacen pensar en signos prehistóricos -representaciones humanas y animales estilizadas, pintaderas, etc.-, pero también en Miró y en Klee (Aborigen de Balos, 1952, Madrid, Colección particular). Un paso más se produce al año siguiente, 1953, cuando empieza a utilizar arpillera en sus obras, todavía en fragmentos, a la vez que somete el cuadro a una disciplina más estricta, a una estructuración más geométrica y sencilla, pero más elaborada, construyendo con ella los Muros. Por estos mismos años Burri trabajaba en Italia con arpilleras y Tàpies construía sus propios Muros.Ya antes de entrar en el grupo madrileño las arpilleras toman absoluta autonomía y los cuadros se hacen a base de ellas. Millares las arruga, las tuerce, las dobla, las rasga, las mancha de pintura… hasta convertirlas en Homúnculos, trapos desgarrados, maltratados y torturados, como despojos humanos, que conservan el recuerdo de las momias guanches que había visto en el museo de Canarias. Este material poco frecuente, de desecho, ya se había utilizado antes, en las primeras vanguardias, pero, a diferencia de los cubistas que incluían pequeños fragmentos en la superficie lisa y ordenada del cuadro o los dadaístas,

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