Superrealismo

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Una obra de largo resuello a la par que de maduración en el novelista/periodista que desde 1925 se vale del soporte de la prensa para lanzar activas campañas a favor de una evolución rápida y radical del teatro

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Superrealismo de Azorín. Editorial Biblioteca Nueva (Madrid, 1929). Edición en rústica. 324 páginas.

En los últimos días de 1929 aparece Superrealismo. Prenovela de Azorín, publicada por la editorial Biblioteca Nueva de Madrid. Es una obra de largo resuello a la par que de maduración en el novelista/periodista que desde 1925 se vale del soporte de la prensa para lanzar activas campañas a favor de una evolución rápida y radical del teatro , siendo este género el que en su opinión es el mejor vector expresivo para teorizar y poner en práctica el surrealismo. Old Spain inaugurará la serie de sus piezas teatrales expresamente compuestas dentro de este corte resueltamente novedoso, que acabará en 1931 con Cervantes o La casa encantada, (Azorín, 1931). No es ocioso recordar tres fechas fundamentales, todas estrechamente vinculadas con el teatro en tanto que vehículo idóneo para promocionar el surrealismo, manifestándose a la sazón Azorín como un fervoroso propagandista de este movimiento intelectual revolucionario. El 17 de marzo de 1927 inserta en ABC un artículo, Autocrítica, poco antes del estreno teatral de su segunda obra, Bran#, mucho Brion+, en el que declara: «El teatro de ahora es superrealista; desdeña la copia minuciosa, auténtica, prolija de la realidad. Se desenvuelve en un ambiente de fantasía, de ensueño, de irrealidad». Tal orientación la justifica como recusación de lo que significó la primera conflagración bélica mundial del siglo XX. El 21 de marzo de 1927, en la entrevista que tiene con el periodista Luis Calvo, reproducida en ABC bajo el título «El superrealismo en el teatro», menciona a André Breton por haber sido, a su juicio, el que formuló con la mayor concreción la esencia del surrealismo y cita de memoria su credo enunciado en el primer MartOste de 1924 (Azorín, 1961). Sin embargo advierte que otros se han de considerar como auténticos artífices del surrealismo: Pirandello, Lenormand, Pellerin, dramaturgos destacados en la gesta surrealista. Y por fin el 7 de abril de 1927, el artículo titulado «El superrealismo es un hecho evidente», determinadamente provocador, en el que sin querer arrinconar a Breton y a su Manjeste, adopta una actitud realmente antidogmática, más ecuménica, más heterodoxa, pretendiendo que el arte entronque con «dos grandes problemas del conocimiento» y apostando por acceder a «dar realidad de la inteligencia».

El substrato popular en Azorín de C. Manso

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