Buen humor para hipertensos

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Entre todas las profesiones, los médicos se han distinguido siempre por su sentido del humor. Voltaire llega más lejos, atribuyendo a los médicos de Moliére y a sus humores peccantes el origen de la palabra inglesa humour.

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Descripción

Buen humor para hipertensos de Mauricio Wiesenthal. Editorial Doyma (Barcelona, 2000). Edición cartoné. Multiples dibujos y fotografías. 63 páginas.

EL BUEN HUMOR es una ayuda para superar todas las circunstancias adversas de la vida. Pero incluso en las situaciones más trascendentales que afectan la salud, el humor es una receta infalible para recobrar el ánimo y afrontar positivamente las dificultades. Entre todas las profesiones, los médicos se han distinguido siempre por su sentido del humor. Voltaire llega más lejos, atribuyendo a los médicos de Moliére y a sus humores peccantes el origen de la palabra inglesa humour. Esa saludable actitud es la que hemos querido aplicar en este libro que dedicamos a las personas que sufren trastornos de la tensión arterial. Además de la medicación adecuada y de la higiene de vida que los especialistas le hayan recomendado, es bueno que el paciente afronte con una sonrisa sus problemas.

«Donde falta el sentido del humor —decía Eugéne lonesco— no hay humanidad; donde falta el humor comienza el campo de concentración». El buen humor es una ayuda para superar todas las circunstancias adversas de la vida. Pero incluso en las situaciones más trascendentales que afectan la salud, el humor es una receta infalible para recobrar el ánimo y afrontar positivamente las dificultades.
Entre todas las profesiones, los médicos se han distinguido siempre por su sentido del humor. Voltaire llega más lejos, atribuyendo a los médicos de Moliére y a sus humores peccantes el origen de la palabra inglesa humour. Personajes de una impagable humanidad y de una indiscutible valía científica, como los Dres. Fordyce, Abernethy, Charles Mayo o Letamendi, nos han dejado buen testimonio de su sentido del humor.
Además, las prohibiciones inherentes a la medicina preventiva y a la higiene necesitan cierto sentido del humor por parte de quien las prescribe. Gautier tenía un médico que le prohibía todos los manjares. — ¿Y usted, doctor, no hace régimen? — Amigo Gautier, yo me visito con otro médico que es más liberal. El Prof. Wilson era un hombre sabio y honesto, pero cometió la imprudencia de colocar un cartel en la universidad para comunicar a sus alumnos que había sido nombrado médico de la reina Victoria. La reacción estudiantil no se hizo esperar. Un bromista escribió debajo «God save the Queen!».

Mauricio Wiesenthal, Buen humor para hipertensos.

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